La crema de manos está pensada para hidratar la piel de toda la mano, mientras que el aceite de cutículas se concentra en la piel que rodea la uña y en la propia lámina, que necesitan nutrición y flexibilidad específicas. Se complementan bien: aplica primero el aceite sobre cada cutícula y después la crema.
Lo más recomendable es empujarlas. La cutícula protege la base de la uña y, al cortarla, se pierde parte de esa protección y la piel tiende a crecer más gruesa y áspera. Un quitacutículas reblandece el tejido seco para poder empujarlo y retirarlo con suavidad, sin necesidad de alicates.
Suele deberse a la sequedad: el contacto frecuente con agua, jabón y productos de limpieza, el frío o el uso continuado de quitaesmalte restan flexibilidad a la uña, que acaba separándose en láminas. Hidratar a diario la uña y la cutícula y usar un tratamiento fortalecedor ayuda a que resista mejor.
La parte más completa, con quitacutículas, limado y tratamiento, basta con hacerla una o dos veces por semana. La hidratación, en cambio, es diaria: unas gotas de aceite o gel de cutículas por la mañana o por la noche mantienen la uña flexible entre una manicura y otra.
Los aceites y geles de cutículas se pueden aplicar alrededor de la uña aunque esté pintada, siempre con el esmalte bien seco. Los tratamientos varían: algunos se usan como base bajo el color y otros están pensados para llevarse solos, así que conviene revisar el modo de uso de cada producto.